El árbol era un punto de encuentro para generaciones de niños. La intervención municipal generó debate y malestar vecinal.
La intervención realizada por el municipio sobre un histórico árbol de alcanfor ubicado en la Plaza San Martín, frente a la iglesia local, provocó numerosas reacciones y cuestionamientos por parte de vecinos de la localidad.
Durante la jornada del martes 2 de junio de 2026, quienes transitaron por el principal espacio público advirtieron que habían sido retiradas las grandes ramas que durante décadas caracterizaron al ejemplar. La imagen no tardó en multiplicarse en las redes sociales, donde comenzaron a aparecer fotografías, videos y comentarios expresando sorpresa, tristeza y enojo por la decisión.
Para muchos habitantes del pueblo, el árbol representaba mucho más que una especie ornamental. Sus extensos troncos, que con el paso de los años habían descendido hasta tocar el suelo, formaban una especie de arco natural que generaciones de niños utilizaron como lugar de juego. Vecinos recuerdan que era habitual ver a chicos trepando, balanceándose o simplemente compartiendo tardes bajo su sombra.
La intervención municipal generó interrogantes acerca de los motivos que llevaron a realizar una poda de semejante magnitud. Mientras algunos plantearon la posibilidad de que existieran razones vinculadas a la seguridad o al estado sanitario del ejemplar, otros cuestionaron la falta de información previa y consideraron que se trató de una acción que modificó de manera irreversible uno de los elementos más característicos de la plaza.
Las redes sociales reflejaron rápidamente el malestar de numerosos vecinos. Algunos compartieron recuerdos personales ligados al árbol, mientras que otros señalaron que la actual gestión municipal continúa acumulando decisiones que generan descontento en distintos sectores de la comunidad.
Más allá de las posiciones encontradas, el hecho reabrió el debate sobre la preservación del patrimonio natural y afectivo de los espacios públicos. En este caso, el árbol de alcanfor no solo formaba parte del paisaje urbano, sino también de la memoria colectiva de varias generaciones que crecieron jugando entre sus ramas.
Ahora, con una imagen completamente diferente a la que durante décadas acompañó la vida cotidiana de la Plaza San Martín, muchos vecinos lamentan la pérdida de uno de los rincones más recordados y fotografiados del lugar.





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