Recorrieron sierras, ripio y rutas con planificación y trabajo en equipo: una experiencia de superación y compañerismo.
Cinco mujeres de Monte Maíz concretaron una travesía ciclística de 440 kilómetros por las sierras de Córdoba, recorriendo rutas asfaltadas, tramos de ripio y zonas de alta exigencia física, en un viaje planificado y realizado de manera grupal durante varios días.
Las protagonistas fueron Isabel Castro, Analía Gioachini, Irma Morales, Patricia Marciñac y María Inés Luque, quienes partieron desde Río Tercero tras un traslado previo en traffic y desde allí iniciaron el recorrido en bicicleta. El itinerario incluyó Almafuerte, Embalse, Villa del Dique, Amboy, La Cruz, Alpa Corral, Río Cuarto, Ucacha, Chazón y finalmente el regreso a Monte Maíz.
El viaje fue organizado con antelación y dividido en etapas, con alojamientos previamente reservados y una logística distribuida entre las integrantes. Cada una asumió un rol específico, desde botiquín y herramientas hasta hidratación, alimentación y seguridad vial. Circularon con luces delanteras y traseras, ropa reflectiva y alforjas con equipamiento completo.
Uno de los tramos más exigentes fue el sector de ripio entre Amboy y La Cruz, con aproximadamente 30 kilómetros recorridos durante la siesta y luego de una jornada extensa. También destacaron las subidas prolongadas en la zona serrana, el tránsito intenso en cercanías de Río Cuarto y las condiciones climáticas adversas, como lluvias en descensos pronunciados rumbo a Alpa Corral.
A pesar de las dificultades, el grupo mantuvo un ritmo parejo, priorizando el trabajo en equipo y el cuidado mutuo. Cuando alguna necesitaba detenerse, todas lo hacían. No hubo competencia ni objetivos de velocidad, sino la meta compartida de completar cada etapa de forma segura.
En cuanto a la alimentación, optaron por una dieta liviana durante el recorrido: frutas, frutos secos, agua en abundancia y porciones moderadas en las comidas principales, evitando excesos que dificultaran el pedaleo posterior.
Las ciclistas destacaron el acompañamiento de la gente en el camino, tanto de automovilistas como de vecinos de distintas localidades, quienes ofrecieron palabras de aliento, agua e incluso alimentos. Señalaron que en zonas serranas existe mayor respeto hacia los ciclistas y una convivencia más habitual en la ruta.
Para el grupo, la travesía significó mucho más que un desafío físico. Fue una experiencia de superación personal, compañerismo y constancia. Con edades y trayectorias diferentes, coincidieron en que la clave está en proponerse objetivos, prepararse física y mentalmente y animarse a intentarlo.
Con 440 kilómetros recorridos, las cinco mujeres regresaron a Monte Maíz con la satisfacción del objetivo cumplido y la convicción de que nuevos viajes volverán a surgir.





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