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Vuelve el universo de Harry Potter: Estos son los nuevos chicos de Hogwarts


El universo mágico que conmovió a millones de niños y jóvenes de todo el mundo regresa de la mano de “Animales fantásticos y dónde encontrarlos”, una película en la que J. K. Rowling demuestra que hay vida más allá de su hijo dilecto, Harry Potter.

Ayer llegó a Nueva York un mago con una valija. Una valija llena de criaturas mágicas. Y, desgraciadamente, algunas se escaparon”, advierte Porpentina Goldstein frente a los miembros del Congreso Mágico de los Estados Unidos de América, creado un siglo antes que su equivalente no mágico en Washington. La escena pertenece al tráiler de la película Animales fantásticos y dónde encontrarlos, en rigor la primera parte de una trilogía que se estrenará el 18 de noviembre de este año.

Y si bien responde al apetito de millones de fans de la saga de Harry Potter, que desde hace poco menos de una década (el séptimo y último volumen se publicó en 2007) ruegan por más hechizos, pociones y escobas voladoras, la nueva apuesta de J. K. Rowling va más allá del regreso a ese “hechizante mundo” que llevó a la novelista británica al podio de los autores más vendidos de la historia (sólo superada por Agatha Christie y Shakespeare, nada menos). No está Harry. Lo que se viene es el “potterismo” sin Potter. Pero en una escala, aunque cueste creerlo, aún más global que la que instauraron las aventuras del jovencito de las gafas y la marca de Voldemort en la frente. Con una original vuelta de tuerca, Rowling saca la magia de los estrechos confines de Hogwarts, la lleva a Norteamérica y, en cierto modo, la vuelve universal.

Ni precuela ni secuela, es un spin-off, un desprendimiento de la serie de Harry Potter que Rowling ya había volcado en un breve volumen de 128 páginas, en 2001, bajo el seudónimo de Newt Scamander. Todo ocurre setenta años antes del arribo de la primera lechuza a Privet Drive. Es 1926. Newt, introvertido empleado del Ministerio de Magia inglés, llega a Nueva York con sus monstruos en la maleta. En otra brevísima secuencia revelada por Warner Bros., Porpentina –quien, sabemos, pronto se enamorará de Newt– pregunta: “¿Estaba abierta?”. Él, que acaba de abrirla para escuchar el ominoso rugido de las bestias, contesta: “Sólo una pizca”.

Mucho después, el propio Harry Potter deberá leer el libro escrito por Scamander, el que da título a la película, durante su primer año en el Colegio de Magia y Hechicería. Pero antes, en los años 20 neoyorquinos, el experto magizoólogo deberá conjurar a esos animales fantásticos a lo largo de éste y otros dos filmes, anunciados para 2018 y 2020.


Sin la necesidad de apelar a niños actores debutantes, como fueron Daniel Radcliffe y Emma Watson –Harry y Hermione–, el productor David Heyman, responsable de toda la saga cinematográfica de Potter, convocó a Eddie Redmayne, ganador del Oscar por su sólida interpretación del físico Stephen Hawking en La teoría del todo y recientemente nominado por La chica danesa, para que encarnara a Newt. El director es David Yates, quien tuvo a su cargo las últimas cuatro entregas de la franquicia más taquillera de la historia del cine. Y la propia J. K. Rowling, también coproductora, se puso por primera vez al hombro el guión.


Mientras aguarda el estreno de la peli en noviembre de este año, Rowling trabaja en las claves de esta nueva trilogía. A través de su web pottermore.com va revelando que los magos de toda la Tierra ya conocían América, pues llegaron allí en escoba antes que las carabelas. Que los skinwalkers o “cambiapieles” indígenas, brujos que podían convertirse en animales para explorar o cazar, eran como los “animagos” de Hogwarts. Que no usaban varitas mágicas, adelanto importado de Europa. Que, a diferencia de la distante pero pacífica coexistencia con los muggles en la Inglaterra de Harry Potter, desde que a fines del siglo XVII quemaron a las brujas de Salem no ha sido fácil ser hechicero en América, y que una banda de mercenarios (los Scourers) anda cazándolos por todo el continente.


Por fin, que una flagrante violación del Estatuto Internacional del Secreto Mágico ha desembocado en el dictado de la Ley Rappaport, que impone una estricta segregación entre las comunidades de magos, condenados a la clandestinidad, y no magos (los No-Maj). A esa convulsionada Nueva York llega Newt Scamander, derramando criaturas mágicas de la maleta, lo cual, como debe ser, empeora todo. Son los años de los gángsteres tipo Al Capone, las varitas conviven con las ametralladoras y rige la Ley Seca, si bien J. K. aclara que a los magos les está permitido ingerir alcohol.


Hay, claro, un sucedáneo estadounidense de Hogwarts: el colegio donde se forman los magos norteamericanos se llama Ilvermorny y está en algún lugar secreto cerca del límite con Canadá. Pero la conquista mágica del mundo real, de todo ese mundo, entero, no reconoce fronteras para la creadora de Harry Potter, que semana tras semana va describiendo en pottermore.com las curiosas asignaturas de otras escuelas de hechicería: una en África, otra en Japón, y un colegio llamado Castelobruxo, en Brasil, adonde estudian los aprendices de brujo sudamericanos. Una especie de globalización de la magia. •




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