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Turismo rural serrano en San Clemente


En el valle de Paravachasca, subiendo una ruta recién asfaltada, el pequeño pueblo atrae con sus ríos, faldeos y tradiciones.



San Clemente. Silencio, sierras, arroyos y ríos componen el combo que ofrece San Clemente, en el valle de Paravachasca. Al ratito de llegar, se percibe como un espacio ideal para apacibles vacaciones o estadías de fin de semana en las que se prioricen la tranquilidad, las actividades al aire libre y los mates “con los piecitos en el agua”.
San Clemente es un “pueblo largo”, donde se mezcla el paisaje serrano tradicional de espinillos con el de altos pinares que manchan las sierras de un verde inusual.
Opciones. El pueblito de montaña invita a pasar unas apacibles vacaciones o a conocerlo de paso, al recorrer la zona (LaVoz)
Está enclavado en un eslabón que une valles turísticos. Puede accederse (todo ya por asfalto) desde Alta Gracia por la ruta 5, o a través del camino del Observatorio, desde la ciudad de Córdoba y Carlos Paz, pasando por Falda del Carmen.
Pese a que algunos antiguos pobladores y poseedores de casas de veraneo añoran las caminatas y las cabalgatas por los caminos de tierra, la flamante ruta asfaltada le sumó conectividad y le agregó a este lugar escondido en las sierras un mayor contacto con el turismo del resto de la provincia, aunque sin quitarle la vida de pueblo.
Ese olor y color de pago chico emerge en las empanadas fritas de doña Eudosia, en el pan casero con dulce y manteca de don Sosa, en el hablar pausado y tranquilo de sus pobladores, en las recomendaciones baqueanas respecto de cómo manejarse en el pueblo o “entrarle” al río.
Vida en la naturaleza
San Clemente puede ser un lugar de destino, el final de un camino para quedarse y disfrutar. O puede ser una posta agradable en un paseo con escalas en otras también atractivas paradas entre los valles de Paravachasca y Traslasierra. El camino es un valor en sí mismo: con las sierras y los acantilados, con los valles lejanos abajo y las cimas de los cerros más allá en las alturas.
En posición de testigo, sin pretender intervenir en el paisaje más que como privilegiado observador, se puede admirar el planear inmenso de las aves de montaña, el andar iluminado de colibríes y el sigiloso trashumar entre pastizales de liebres y zorritos de monte.
En juego con esa armonía de pueblo, los lugareños a caballo completan una escenografía de lo que bien puede llamarse “turismo rural serrano”.
Agua pura. Río, arroyos y cascadas surcan el lugar (LaVoz)
Para disfrutar San Clemente, es necesario llevar zapatillas y ropa cómoda, agua y comida liviana. Es ideal, entre otros, para quienes gustan de las caminatas con subidas y bajadas, y para los que disfrutan de la aventura de la bicicleta en montaña.
Un recorrido inigualable es el que lleva del pueblo al río San José: cuatro kilómetros que en verano es aconsejable realizar en las primeras horas de la mañana o después de la siesta, cuando el sol no pega con mayor crudeza.
Como en el resto de las Sierras, para adentrarse en arroyos y ríos, se sugiere que los turistas consulten a los lugareños respecto de los sitios ideales para niños, para cruzar, nadar o jugar entre las piedras.
Un punto por revisar para mejorar: los sectores del arroyo que se encuentran alambrados, y que dificultan el acceso a espacios públicos.
Un dato: en bus, por empresa Pájaro Blanco, desde Alta Gracia, el boleto cuesta 91 pesos.
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